Curiosidades corales

Curiosidades sobre las obras que cantamos y sus autores


Desterrados pero no olvidados

El "Va, pensiero" es probablemente uno de los cantos más conocidos del mundo. Giuseppe Verdi compuso para el coro del tercer acto de su ópera Nabucco una melodía terriblemente pegadiza y reconocible. El libreto de esta obra, escrito por Temistocle Solera está basado en el Antiguo Testamento y Nabuchodonosor, de Francis Cornue y Anicète Bourgeois. La letra en italiano y su traducción al español serían:

En italiano


Va, pensiero, sull'ali dorate;

va, ti posa sui clivi, sui colli

ove olezzano tepide e molli

l'aure dolci del suolo natal!

Del Giordano le rive saluta,

di Sionne le torri atterrate.

Oh, mia patria sì bella e perduta!

Oh, membranza sì cara e fatal!

Arpa d'or dei fatidici vati,

perché muta dal salice pendi?

Le memorie nel petto raccendi,

ci favella del tempo che fu!

O simile di Solima ai fati

traggi un suono di crudo lamento,

o t'ispiri il Signore un concento

che ne infonda al patire virtù!

En castellano


¡Vuela pensamiento, con alas doradas,

pósate en las praderas y en las cimas

donde exhala su suave fragancia

el dulce aire de la tierra natal!

¡Saluda las orillas del Jordán

y las destruidas torres de Sion!

¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!

¡Oh recuerdo tan caro y fatal!

Arpa de oro de fatídicos vates,

¿por qué cuelgas muda del sauce?

Revive en nuestros pechos el recuerdo,

¡Que hable del tiempo que fue!

Al igual que el destino de Sólima

Canta un aire de crudo lamento

que te inspire el Señor un aliento,

que al padecer infunda virtud!


El texto describe el lamento del pueblo hebreo, que tras la toma de Jerusalén y la destrucción del templo por Nabucodonosor II (s. VI a.C.) son exiliados desde el Reino de Judá a Babilonia. En el Antiguo Testamento, este pasaje se describe en el salmo 137: Super flumina Babylonis. Aquí en latín y en castellano, además del poema en el que San Juan de la Cruz reescribe el salmo.

En latín

 

1 Super flumina Babylonis illic sedimus et flevimus, cum recordaremur Sion.

2 In salicibus in medio ejus suspendimus organa nostra:

3 quia illic interrogaverunt nos, qui captivos duxerunt nos, verba cantionum; et qui abduxerunt nos:

Hymnum cantate nobis de canticis Sion.

4 Quomodo cantabimus canticum Domini in terra aliena?

5 Si oblitus fuero tui, Jerusalem, oblivioni detur dextera mea.

6 Adhaereat lingua mea faucibus meis, si non meminero tui;si non proposuero Jerusalem in principio laetitiae meae.

7 Memor esto, Domine, filiorum Edom, in die Jerusalem: qui dicunt: Exinanite,

exinanite usque ad fundamentum in ea.

8 Filia Babylonis misera! beatus qui retribuet tibi retributionem tuam

quam retribuisti nobis.

9 Beatus qui tenebit, et allidet parvulos tuos ad petram.

En castellano

 

1 Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;

2 en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.

3 Allí los que nos deportaron

nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: 

«Cantadnos un cantar de Sión».

4 ¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!

5 Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha;

6 que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.

7 Señor, toma cuentas a los Idumeos del día de Jerusalén, cuando se incitaban: «Arrasadla, arrasadla hasta el cimiento».

8 Capital de Babilonia, ¡criminal! ¡Quién pudiera pagarte los males que nos has hecho!

9 ¡Quién pudiera agarrar y estrellar

tus niños contra las peñas!


En castellano

(S. Juan de la Cruz)

 

Encima de las corrientes 

que en Babilonia hallava 

allí me senté llorando 

allí la tierra regava 

acordándome de ti 

¡o Sión! a quien amava 

era dulce tu memoria, 

y con ella más llorava. 

Dexé los traxes de fiesta 

los de trabaxo tomava 

y colgué en los verdes sauzes 

la música que llevaba 

puniéndola en esperança 

de aquello que en ti esperava. 

Allí me hyrió el amor 

y el coraçón me sacava. 

Díxele que me matase 

pues de tal suerte llagava 

yo me metía en su fuego 

sabiendo que me abrasava 

desculpando el avezica 

que en el fuego se acababa 

estávame en mí muriendo 

y en ti solo respirava 

en mí por ti me moría 

y por ti resucitava 

que la memoria de ti 

daba vida y la quitava. 

Gozábanse los estraños 

entre quien cautivo estava. 



Preguntávanme cantares 

de lo que en Sión cantava 

—Canta de Sión un hynno 

veamos cómo sonava. 

—Dezid, ¿cómo en tierra ajena 

donde por Sión llorava 

cantaré yo la alegría 

que en Sión se me quedava? 

Echaríala en olbido 

si en la ajena me gozava. 

Con mi paladar se junte 

la lengua con que hablava 

si de ti yo me olbidare 

en la tierra do morava. 

Sión por los verdes ramos 

que Babilonia me dava 

de mí se olbide mi diestra 

que es lo que en ti más amava 

si de ti no me acordare 

en lo que más me gozava 

y si yo tuviere fiesta 

y sin ti la festejava. 

¡O hija de Babilonia 

mísera y desventurada! 

Bienaventurado era 

aquel en quien confiava 

que te a de dar el castigo 

que de tu mano llevava 

y juntará sus pequeños 

y a mí, porque en ti esperava 

a la piedra que era Christo 

por el qual yo te dexaba.


Debetur soli gloria vera Deo


Un texto tan cargado de emoción que ha dado lugar a maravillosas obras musicales: Palestrina, Victoria o di Lasso en el Renacimiento, o Charpentier y Delalande en el Barroco, escribieron sendos Super flumina Babylonis

En el Renacimiento


El caso del flamenco Phillipe de Monte encierra también una bonita historia. Al parecer, esta preciosidad a 8 voces fue enviada personalmente por el autor a su contemporáneo (¿y amigo?) inglés William Byrd. No sabremos si aquello tenía un segundo sentido, pero lo cierto es que Byrd era un compositor católico en un país de protestantes y el salmo podía serle especialmente emotivo. ¿Estaba de Monte solidarizándose y apoyando así a Byrd? Sea como fuere, el inglés respondió con su Quomodo cantabimus, otra joya a 8 voces extraída del mismo salmo y que precisamente significa "¡Cómo cantar un cántico al Señor en tierra ajena!". 


En el Barroco


Puede que Verdi se sorprendiera al obtener tanto éxito con este pasaje, pero como vemos ya había sido germen de grandes obras. Así, la pieza se convirtió en todo un himno patriótico para sus paisanos. Cuando Verdi acabó sus días, considerado un patrimonio nacional, había dispuesto que su funeral fuese sencillo. Sin embargo, 800 voces dirigidas por Toscanini entonaron el Va, pensiero, esperando que alcanzara, finalmente, la patria celestial.

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María, Estrella del Mar

El título Stella Maris es otro de los muchos que posee la bienaventurada Virgen María y significa Estrella del Mar. 

 

Polaris (la alfa-Osa Menor), es también conocida como Stella Maris, ya que durante siglos ha servido como guía en la astronavegación. El término con interpretación cristiana aparece por primera vez en la traducción que San Jerónimo hace al latín del Onomasticon de Eusebio de Cesarea. En el siglo noveno, Paschasius Radbertus también se refiere a la Virgen con tal expresión, lo que sumado a la creación del himno Ave Maris Stella (Salve, Estrella del Mar) popularizó el término.  

 

Desde entonces la Virgen Estrella del Mar se ha convertido en una de las advocaciones preferidas por los cristianos. En España, este término adopta representación en la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores e incluso la Marina Española. 

 

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María, un papiro y un término

 Edgar Lobel, experto en papirología de la Universidad de Oxford,  dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Uno de ellos, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco, databa aproximadamente del 250 d.C. y contenía un tropario (un himno bizantino) en griego clásico dirigida a la Virgen. Pero era una oración cualquiera, sino el Sub tuum praesidium, que aún hoy seguimos rezando (y cantando) sin variaciones:

  

Versión en griego clásico (la del papiro, en la imagen)

 

Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,
καταφεύγομεν, Θεοτόκε.
Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,
μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει,
ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,
μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη.

 

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

 

Y cuya traducción al castellano es:

 

Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

 

Pero lo más curioso del Sub Tuum es que es la primera vez que se presenta el término Theotokos (en este caso, Theotoke, en vocativo), es decir, “Madre de Dios" que en en latín es sustituido por Dei Genitrix. Dos siglos después, en el Concilio de Éfeso (431 d.C.), se reconoció de forma  solemne que este título era adecuado para la Virgen María.

 

El Sub Tuum de Gounod

 

La versión de Gounod que la Coral interpreta es un motete que originalmente poseía sólo dos voces acompañadas del órgano. Con posterioridad, Manfred Höβl incluyó un bajo a la obra. 

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Laudate Dominum

Laudate Dominum son las palabras iniciales del Salmo 116 (numeración griega) o 117 (numeración hebrea) en latín. Como cada Salmo, el Laudate Dominum se concluye en el rito romano con una doxología trinitaria (Gloria Patri...). En las iglesias católicas, este salmo se suele cantar tras la Bendición del Santísimo Sacramento.

 

Aquí está la versión en latín:

Laudate Dominum omnes gentes
Laudate eum, omnes populi
Quoniam confirmata est
Super nos misericordia eius,
Et veritas Domini manet in aeternum.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc, et semper.
Et in saecula saeculorum.
Amen.

 

Vesperae Solennes de Confessore

  Y su traducción al castellano:

 

¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos!
Porque es inquebrantable
su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en un principio, ahora, y siempre,
y por los siglos de los siglos.
Amén.

El Laudate Dominum es famoso por su adaptación musical por autores como Antonio Vivaldi y Willliam Byrd, aunque la más conocida es la debida a Wolfgang Amadeus Mozart, en la que la pieza se canta en un solo de soprano (que como sabemos canta el Salmo en sí) con coro (que entra en la doxología), y es la quinta parte de seis de una obra más larga conocida como las Vesperae solennes de Confessore (KV. 339). Existe otra pieza, las Vesperae solennes de Dominica (KV. 321). Ambas forman una especie de díptico: las Vesperae solennes pertenecientes al período salzburgués de Mozart.

 

Aunque las Vesperae solennes de Confessore se interpretan con frecuencia, es muy usual escuchar el Laudate Dominum de forma independiente, como lo canta esta coral.

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